
Escrito por: Ángeles Mastretta

Ella fue la primera hija y la llamaron Olvido. Yo nunca supe el por qué de su nombre extraordinario. Ahora imagino que tal vez su padre, un asturiano que emigró a México siendo tan niño que a los catorce años ya trabajaba de obrero en una fábrica de hilados y tejidos, sintió que su hija mexicana tendría que arraigarlo a este suelo. Y como en España hay una Virgen del Olvido, le pidió a ella que la niña lo hiciera no añorar tanto la tierra húmeda y el cielo nublado bajo el que nació.
Olvido tenía los labios delgados y los ojos pequeños, tenía pasión por conversar y unas ansias de alegría que daban ganas de darle cualquier pretexto para que lo fuera. Se sabe que ella tuvo dos lugares preferidos: uno era el Parque España y el otro la Beneficencia Española. De entre sus cinco hermanos, ella fue la única en quien la madre patria de su padre prendió con tantas fuerzas. Desde siempre fue socia del Parque España y tanto tiempo pasaba ahí que la gente se preguntaba qué haría Olvido sin el Parque España. Jugaba pin pon y resultó buenísima. A los setenta años era la campeona de la tercera edad. Su otra afición fue visitar a los enfermos. Cuanto pariente caí en el hospital recibía su visita antes que ninguna, porque ella pasaba todos los días por la Beneficencia Española, para ver si algo se le ofrecía a alguien.
Yo nunca la oí quejarse de las contradicciones que de repente le dio la existencia. No la tuvo muy fácil. Como sucede muchas veces. Pero ella tenía la sencillez de los buenos acompañándola a todas partes. Con esa sencillez murió hace unos días, en mitad de la noche, sin hacer ruido. Yo no pude ir a su entierro, pero dicen mis hermanos que nunca habían visto uno así de concurrido. Estaba ahí media ciudad y entre tantos un grupo de sus amigos llevando una gran tela con la pregunta: ¿Qué hará el Parque España sin Olvido?
Así fue de querida, sin que ni ella lo supiera bien. Y es que eso se percibe y se agradece: Olvido fue de la gente a la que le vida no siempre le sonríe. Y que en venganza, siempre se ríe frente a ella.
Fuente: Puerto-Libre